“Siempre se me carga exactamente aquí.”
Y mientras lo dices, llevas la mano al trapecio, a la zona entre las escápulas, al gemelo o a un punto concreto de la espalda.
Te lo han masajeado.
Has utilizado calor.
Has estirado.
Incluso has acudido varias veces al fisioterapeuta y durante unos días parece desaparecer.
Hasta que vuelve.
Cuando una molestia reaparece continuamente en el mismo lugar, es lógico pensar que existe “una contractura que nunca termina de quitarse”.
Sin embargo, desde la fisioterapia sabemos que dolor muscular recurrente y contractura no siempre son exactamente lo mismo.
Y comprender esa diferencia puede cambiar completamente el tratamiento.
¿Qué llamamos realmente contractura?
En el lenguaje cotidiano utilizamos “contractura” para describir prácticamente cualquier zona muscular dolorosa, rígida o tensa.
Pero debajo de esa sensación pueden existir situaciones diferentes.
Puede haber sobrecarga muscular, puntos gatillo miofasciales, alteraciones relacionadas con el control motor, irritación de estructuras próximas o simplemente un tejido que está recibiendo repetidamente más carga de la que puede tolerar.
Por eso dos personas que señalan exactamente el mismo punto del trapecio no necesariamente tienen el mismo problema.
Y tampoco deberían recibir automáticamente el mismo tratamiento.
¿Por qué el masaje me alivia pero después vuelve?
Porque aliviar un síntoma y modificar aquello que lo provoca son objetivos diferentes.
La terapia manual puede ser muy útil para disminuir dolor, mejorar temporalmente la movilidad y facilitar que el paciente vuelva a moverse.
Pero imaginemos que trabajas ocho horas en una posición mantenida, practicas un deporte tres veces por semana y la musculatura que se carga continuamente no tiene suficiente capacidad para tolerar esas demandas.
Podemos disminuir la molestia hoy.
Mañana vuelves exactamente al mismo estímulo.
El problema reaparece.
No porque el masaje “no haya funcionado”, sino porque el tratamiento no puede terminar en la camilla.
A veces el problema es la carga, no la postura
Otro error frecuente consiste en buscar una postura perfecta.
“Me duele porque me siento mal.”
La postura puede influir, especialmente cuando permanecemos muchas horas sin movernos, pero el cuerpo humano está diseñado para adoptar muchas posiciones diferentes.
A menudo el problema no es una postura concreta.
Es permanecer demasiado tiempo en la misma.
Y otras veces es simplemente una cuestión de capacidad: el tejido no está preparado para soportar lo que le estamos exigiendo.
Por eso el ejercicio terapéutico y el entrenamiento progresivo son herramientas fundamentales.
Punción seca: cuando existen puntos gatillo
La punción seca es una de las técnicas invasivas que utilizamos en fisioterapia.
Se introduce una aguja fina en determinados puntos del músculo con el objetivo de intervenir sobre puntos gatillo miofasciales asociados a dolor y alteración de la función.
No es acupuntura.
Aunque ambas utilizan agujas, su razonamiento y aplicación son diferentes.
La punción seca puede ser especialmente interesante cuando existe un componente miofascial claro, pero nuevamente aparece la misma idea:
quitar un punto doloroso no explica por qué apareció.
Después habrá que trabajar movilidad, fuerza, carga o aquellos factores que consideremos relevantes.
Neuromodulación percutánea: cuando queremos actuar sobre el sistema neuromuscular
El dolor no depende únicamente del estado de un músculo.
Nuestro sistema nervioso participa continuamente en cómo generamos movimiento y en cómo interpretamos estímulos.
La neuromodulación percutánea utiliza una aguja colocada en relación con estructuras nerviosas, junto con estimulación eléctrica, buscando modificar determinadas respuestas del sistema neuromuscular.
En nuestra consulta utilizamos ecografía cuando está indicada para localizar las estructuras sobre las que queremos trabajar y aumentar la precisión de la intervención.
No sustituye al ejercicio ni constituye una solución universal.
Es otra herramienta que podemos integrar cuando la valoración nos indica que tiene sentido.
¿Y qué diferencia hay con la electrólisis percutánea?
La electrólisis percutánea tiene un objetivo diferente.
En este caso se aplica corriente galvánica mediante una aguja sobre un tejido diana, habitualmente dentro del tratamiento de determinadas tendinopatías y lesiones de tejidos blandos.
Aquí conviene aclarar algo porque las tres técnicas suelen meterse en el mismo saco simplemente porque utilizan agujas.
Punción seca, neuromodulación y electrólisis no hacen lo mismo.
La punción seca se orienta principalmente al componente miofascial.
La neuromodulación trabaja sobre el sistema neuromuscular.
La electrólisis busca producir un estímulo local controlado en determinados tejidos.
Elegir entre una u otra no depende de cuál sea “más moderna”, sino de qué encontramos durante la valoración.
Ecografía: ver antes de intervenir
La ecografía musculoesquelética se ha convertido en una herramienta enormemente útil dentro de la fisioterapia.
Permite visualizar en tiempo real músculos, tendones, nervios, vasos y otras estructuras.
Cuando realizamos determinadas técnicas invasivas, trabajar con apoyo ecográfico puede ayudarnos a localizar con precisión el objetivo y evitar estructuras que no queremos alcanzar.
Pero tampoco deberíamos vender la ecografía como una máquina que por sí sola diagnostica y soluciona el problema.
Una imagen siempre debe interpretarse junto con los síntomas, la exploración y la historia del paciente.
Tratamos personas, no ecografías.
Entonces, ¿qué técnica necesito?
Quizá ninguna.
Y esa es una respuesta perfectamente válida.
Una persona puede acudir pensando que necesita punción seca porque se la recomendaron y descubrir durante la valoración que lo que más necesita es recuperar fuerza.
Otra puede tener una tendinopatía en la que consideremos interesante combinar electrólisis con un programa progresivo de carga.
En otra puede existir un componente neuromuscular que haga interesante utilizar neuromodulación.
Y habrá pacientes en los que trabajemos con terapia manual, ejercicio o tecnologías como Indiba Activ, sin necesidad de una técnica invasiva.
El tratamiento debe adaptarse al problema.
No el problema a la técnica que tengamos disponible.
La parte más importante viene después
Imaginemos que mediante una intervención conseguimos disminuir considerablemente el dolor.
Perfecto.
Ahora tenemos una oportunidad.
Podemos mover mejor.
Podemos empezar a cargar.
Podemos recuperar fuerza.
Podemos enseñarle al tejido a tolerar progresivamente aquello que antes provocaba síntomas.
Ese proceso es el que puede cambiar la evolución a medio y largo plazo.
Por eso una buena fisioterapia no debería buscar que vuelvas cada dos semanas para “quitarte la contractura”.
Debería intentar que cada vez necesites menos al fisioterapeuta porque tu cuerpo tiene más capacidad.
Fisioterapia avanzada en Mompía y Santa Cruz de Bezana
Terapia manual, ejercicio terapéutico, ecografía musculoesquelética, punción seca, electrólisis percutánea, neuromodulación, Indiba Activ y otras técnicas no son tratamientos independientes que se eligen de un catálogo.
Son herramientas.
Lo importante es saber cuál utilizar, cuándo utilizarla y, quizá todavía más importante, cuándo no hace falta utilizarla.
¿Tienes una molestia que mejora pero siempre termina volviendo?
Podemos valorar qué está ocurriendo y estudiar si necesitas una técnica invasiva, trabajo activo u otro enfoque de fisioterapia.


