Muchas personas llegan a consulta con una frase muy clara: “Como bastante bien, entreno, intento cuidarme… pero no bajo grasa”. Y cuando esto ocurre, la frustración es enorme. Porque la persona siente que está haciendo un esfuerzo real, que se priva de cosas, que intenta ser constante, pero el cuerpo no responde.
El problema es que durante muchos años hemos simplificado demasiado la pérdida de grasa. Nos han repetido que todo consiste en “comer menos y moverse más”. Y sí, el balance energético importa. Pero el cuerpo humano no funciona como una calculadora perfecta. No solo cuenta cuántas calorías entran y cuántas salen. También interpreta señales: estrés, sueño, inflamación, masa muscular, digestión, horarios, niveles de glucosa, entrenamiento y estado hormonal.
Desde nuestra consulta en Mompía, cerca de Bezana y Santander, trabajamos la nutrición desde una visión integrativa. Eso significa que no miramos solo el plato. Miramos el contexto completo de la persona.
Comer bien no siempre significa comer lo que tu cuerpo necesita
Uno de los errores más frecuentes es pensar que “comer sano” es igual para todo el mundo. Una persona puede comer ensaladas, fruta, yogures, tostadas integrales y cenas ligeras… y aun así no estar cubriendo bien sus necesidades.
Por ejemplo, muchas dietas aparentemente saludables son demasiado bajas en proteína. Esto puede dificultar el mantenimiento de la masa muscular, aumentar el hambre y reducir el gasto energético diario. La masa muscular es un tejido metabólicamente activo: cuanto mejor la conservas, más fácil es que tu cuerpo gestione la energía.
También vemos casos de personas que comen muy poco durante el día y llegan a la tarde con hambre intensa, ansiedad o necesidad de dulce. No es falta de voluntad. Es fisiología. Si el cuerpo recibe poca energía o pocos nutrientes durante demasiadas horas, tarde o temprano va a pedir compensación.
El papel del estrés y el cortisol
Otro punto clave es el estrés. Cuando una persona vive con estrés constante, duerme mal, trabaja muchas horas, entrena fuerte y además hace dieta, el cuerpo puede entrar en un estado de alerta mantenido.
En ese contexto, el cortisol puede permanecer elevado o desregulado. Esto no significa que “el cortisol engorde” de forma mágica, pero sí puede influir en el apetito, la retención de líquidos, la calidad del sueño, la recuperación muscular y la forma en la que el cuerpo gestiona la glucosa.
Por eso muchas personas no necesitan simplemente comer menos. Necesitan regular mejor su sistema nervioso, dormir mejor, comer con más estructura y entrenar de forma más inteligente.
Los picos de glucosa también importan
No todas las comidas afectan igual a tu energía. Una alimentación con muchos productos refinados, pan blanco, dulces, zumos, cereales o picoteos frecuentes puede generar subidas y bajadas de glucosa. Esas bajadas suelen traducirse en cansancio, hambre, irritabilidad o necesidad de seguir comiendo.
Muchas veces el objetivo no es eliminar hidratos de carbono, sino aprender a combinarlos mejor. Un plato con proteína, fibra, grasa saludable y carbohidrato de calidad genera una respuesta mucho más estable que una comida basada solo en pan, pasta o azúcar.
¿Y si estás comiendo demasiado poco?
Aunque parezca contradictorio, comer demasiado poco durante mucho tiempo puede ser parte del problema. Cuando una persona acumula años de dietas restrictivas, efecto rebote y miedo a comer, su relación con la comida se deteriora. Además, suele bajar la actividad espontánea: se mueve menos sin darse cuenta, se siente más cansada y entrena peor.
La solución no siempre es recortar más. A veces hay que reconstruir el metabolismo: mejorar proteína, fuerza, descanso, pasos diarios, digestión y horarios. Es un proceso más inteligente que agresivo.
Cómo trabajamos la pérdida de grasa desde un enfoque integrativo
En nuestra consulta de nutrición en Mompía no damos una dieta genérica. Primero intentamos entender qué está ocurriendo:
- Cómo comes realmente durante la semana.
- Cuánta proteína y fibra consumes.
- Cómo duermes.
- Qué tipo de entrenamiento haces.
- Si tienes hambre constante o ansiedad por dulce.
- Cómo son tus digestiones.
- Qué historial de dietas arrastras.
- Cómo está tu nivel de estrés.
A partir de ahí, diseñamos una estrategia realista. Porque el mejor plan no es el más perfecto sobre el papel, sino el que puedes sostener en tu vida real.
Consejos prácticos para empezar
Antes de pensar en una dieta estricta, empieza por estas bases:
Incluye proteína en cada comida principal. No hace falta complicarse: huevos, pescado, carne de calidad, yogur natural, legumbres o proteína vegetal bien combinada.
Evita desayunos que sean solo café y pan, o café y galletas. Suelen generar hambre y bajones más tarde.
No conviertas la cena en la comida más grande del día si llegas con ansiedad acumulada. Revisa qué ha pasado antes.
Entrena fuerza al menos 2-3 veces por semana, adaptado a tu nivel. La pérdida de grasa mejora cuando el músculo está presente.
Duerme lo suficiente. Sin descanso, el hambre y la recuperación se alteran.
Conclusión
Si comes bien pero no pierdes grasa, no significa que tu cuerpo esté roto. Significa que falta información. Tal vez no necesitas una dieta más dura, sino una estrategia mejor.
En nuestro espacio de salud en Mompía, Ander Santa Coloma aborda la nutrición desde una visión integrativa, uniendo alimentación, movimiento, descanso y regulación del sistema nervioso.
Si quieres entender qué está frenando tu progreso y empezar con un plan adaptado a ti, puedes pedir cita y resolverlo con una valoración personalizada.


